Mammón, el demonio de la avaricia

Mammón es el demonio de la avaricia, de la codicia y el materialismo. Él, que según el jesuita Peter Binsfeld es uno de los “Siete Príncipes del Infierno”, es el demonio ante el cual se arrodillan todos aquellos esclavos del dinero que habitan en el mundo consumista de la actualidad. Así, más que ningún otro demonio, Mammón reina hoy.

Mammón el avaro

Mammón es el arquetipo de la avaricia, la codicia y el materialismo, es el demonio que sonríe ante los abusos del capitalismo salvaje, el incremento de la brecha entre ricos y pobres y la servidumbre del alma humana a la sed desmedida por adquirir dinero, ya sea para hundirse en las aguas del hedonismo desmesurado o para rendir culto al vacío trabajando para fantasmas como el estatus o el poder económico. Mencionado por Jesucristo en el Sermón de la Montaña, Mammón es un demonio que no comparte su espacio con los deseos que Dios inspira en el hombre pues, como dijo El Maestro, “no podéis servir a Dios y a Mammón”

Origen del nombre

Mammón era el dios de las riquezas en el panteón de los fenicios y, ligada a esa posición del dios, estaba la palabra fenicia “mommon”, la cual se traducía como “beneficio” o “utilidad”. Luego, por contacto cultural, pasó a ser una palabra aramea que significaba “riqueza”, a su vez que en hebreo “matmon” significaba “tesoro” y “Mammón” era un nombre que se usaba comúnmente para simbolizar a la riqueza y a la avaricia.

La figura del demonio avaro fue registrada por primera vez durante el Sermón de la Montaña, sermón en el que Jesucristo la usó después de haber advertido sobre la superioridad de acumular tesoros en el cielo en lugar de amontonar dinero y bienes mundanos que la muerte se llevará con ella; así pues, Jesús dejó en claro que nadie podía servir a Dios y a su sed de riquezas (a la que aludió con el nombre “Mammón”); siendo que, en tiempos de Jesús, era común entre los hebreos el simbolizar a las riquezas y al deseo de dinero a través de la figura de Mammón.

Por lo anterior, en el contexto bíblico Mammón viene a ser la personificación de la avaricia y el materialismo, encontrándose en Lucas 16:13 y Mateo 6:24, o también en ciertas traducciones dentro de Lucas 16:9 y Lucas 16:11. Resaltamos lo de las traducciones ya que en unas versiones se ha puesto “Mammón” mientras que en otras se ha hablado de “abundancia deshonesta” o expresiones similares, o de “el dinero” y “las riquezas” en lugar de “Mammón”; aunque, y esto es muy importante, en las versiones griega y hebrea sí se habló de “Mammón”, por lo que resulta claro que Cristo sí personificó a la avaricia en Mammón tal y como se ve en este pasaje de cierta traducción española: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón.» (Mateo 6, 19-21, 24).

El demonio Mammón

La creencia en Mammón se profundiza durante la Edad Media, época en la que esta entidad recibe el título de “Príncipe de los Tentadores” y se convierte en el demonio de la avaricia, riqueza e injusticia. Es mencionado en repetidas instancias en los textos del obispo y erudito parisense Peter Lombard (1100 a1160), quien lo describe como el demonio de las riquezas. Mientras, los mitos y leyendas colocan a Mammón como el Embajador del Infierno que observa el mundo desde una cueva con riquezas inimaginables.

En el texto La Divina Comedia, su autor Dante Alighieri  describe a Mammón durante su visita al inframundo como un demonio lobo, debido a que en la Edad Media los lobos eran asociados con la avaricia. Tal vez Santo Tomás de Aquino lo describió mejor en su metáfora como uno de los pecados capitales: la codicia. “Mammón sale del infierno ayudado por un lobo, para venir al mundo y corromper el corazón del hombre con la codicia”, nos dice Aquino.

Mammón fue categorizado como uno de los tres príncipes del Infierno, únicos subordinados del mismo Lucifer. Esta clasificación fue hecha por la monja visionaria  Santa Francesca de Roma (1384-1440),  quien por su dedicación a Dios podía ver la maldad en las personas y también tenía visiones sobre los peligros que acechaban al hombre. Es en estas visiones que ella vio al infierno y su corte de nobles: el primero de ellos es Asmodeus, quien es el precursor del pecado carnal; le sigue Mammón, el demonio de la decepción y de la avaricia que gobierna el mundo por medio del dinero; luego está Belcebú, quien domina a través de los idolatras.

Otra perspectiva distinta es la del jesuita Peter Binsfeld, quien en 1589 publica su De confessionibus maleficorum et sagarum, libro en que introduce la idea de siete príncipes del infierno que se asocian con los siete pecados capitales. Allí Mammón es uno de esos príncipes y representa a la avaricia.

En el famoso Diccionario Infernal (publicado en 1863) de Collin Plancy, Mammon no es tan importante ya que es solo un demonio que pertenece al Cuerpo Diplomático y ocupa la función de embajador en Inglaterra.

Conclusiones

Todo lo anterior nos permite ver con claridad que Mammón es principalmente un demonio de carácter simbólico, una personificación de ciertas tendencias negativas del ser humano. La creencia en Mammón como un demonio real, al haber surgido en una época de superstición, ignorancia y fanatismo como era la Edad Media, puede inducirnos a creer que no es sino una ficción.

Sello e invocación

mammon-e

Señor Satanás, por tu gracia concédeme, yo te ruego, el poder para concebir en mi mente y para ejecutar aquello que yo deseo hacer, el fin que con tu ayuda quiero conseguir, oh Poderoso Satanás, único Dios Verdadero que vive y reina por los siglos de los siglos. Te ruego que inspires a Mammón, Príncipe de la Avaricia, para que se manifieste ante mi presencia y me conceda la respuesta verdadera y fiel del auxilio necesario para el cumplimiento de mi finalidad deseada, siempre y cuando ésta concuerde con el oficio que le es propio. Esto yo lo pido respetuosa y humildemente en tu nombre, Señor Satanás, si puedes tú considerarme merecedor o digno de ello, Padre.

NOTA: Antes de recitar la oración usted debe preparar una pequeña mesita (a modo de altar) en la que esté una o más velas negras, uno o más de un incienso de la mejor calidad posible y, sobre todo, una cartulina blanca en que esté el sello del demonio. Previamente a la oración, usted deberá visualizar en su mente el sello del demonio (por eso se recomienda conocerlo de memoria) mientras recita o canta el nombre del demonio en un tono de voz normal o moderadamente alto. La recitación deberá durar por lo menos unos tres minutos; mientras eso sucede, el incienso deberá estar consumiéndose. Todo esto usted lo debe hacer en completa soledad, si es posible de noche y, aún mucho mejor, a las tres de la madrugada y en una noche de luna llena…En términos generales, si el demonio se ha hecho presente se manifestará con una de estas señales: 1) lo verá en el espejo, 2) habrán anomalías en el humo del incienso, 3) el demonio aparecerá directamente (esto es muy difícil que suceda).

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